15 Dec 290: Las Heridas que no Recuerdas… Pero igual te Gobiernan.
No sé si te ha pasado alguna situación que tú puedes reconocer que es una situación pequeñita, pero que te activa una situación enorme. Pero, Dios mío, ¿de dónde salió esta reacción? Es como que si algo dentro de ti apretara un botón viejo que tú ni siquiera sabías que existía, y hay reacciones que no vienen del día de hoy, vienen de heridas antiguas que tu memoria ya las archivó, pero tu alma todavía las carga.
Hoy te mostraré esas heridas que tú no recuerdas y cómo empezar a romper su influencia sobre tu vida, tu carácter, tu fe y tus relaciones; hoy te quiero hablar de las heridas que tú no recuerdas, pero igual te gobiernan.
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¿Te preguntarás por qué, cómo se activan esas heridas dentro de mí, sin mi permiso? ¿Me creerías si te dijera que las heridas olvidadas funcionan como sensores internos? ¿Te has preguntado alguna vez cómo se forman esas heridas que tú no recuerdas? ¿Me creerías si te dijera que las heridas se forman cuando tú eres demasiado pequeña para comprenderlo? ¿Sabías tú que tus emociones no están exagerando?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas preguntas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentario.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Heridas que tú no recuerdas, pero igual te gobiernan.
Lo que debes saber es cómo se forman esas heridas que tú no recuerdas, ¿por qué? Porque hay heridas que no nacen necesariamente en un momento traumático, sino que nacen en una acumulación silenciosa de muchos momentos: una palabra que escuchaste de joven, una mirada que te marcó, una relación en la que te tocó ser fuerte antes de un tiempo, un ambiente donde aprendiste a complacer para no perder amor o no perder aprobación. La mayoría de estas heridas se forman cuando tú eres demasiado pequeña para comprenderlo, pero lo suficientemente sensible para absolver todas estas cosas. La Biblia lo resume de una manera sencilla; Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuera viejo no se apartará de él”. Sé que hemos usado este verso para enseñarle correctamente a nuestros hijos y está muy bien, pero ese principio a las heridas.
Lo que te marcó temprano en la vida te sigue moldeando más adelante; el cerebro tiene una función bien protectora y ¿qué es lo que hace? Archiva nuestros recuerdos, pero igual quedan registradas las emociones o las impresiones que causan esos recuerdos; quizás no recuerdas la
Escena, pero recuerdas la sensación que sentiste, no recuerdas ese evento en particular con todos los detalles: día, hora, ropa que tenías puesta, pero sí recuerdas la emoción que te dejó ese momento y así se forman las heridas que nosotros no recordamos; no se forman con gritos, sino con susurros, no se forman con golpes, sino con omisiones, no se forman solamente del caos, también se forman en silencios.
¿Cómo se activan esas heridas dentro de mí, sin mi permiso? Tú como mujer puedes estar viviendo un momento de tu vida bien hermoso; finalmente te casaste, tus hijos ya están creciendo, o acabas de tener el hijo que tanto soñaste tener, y reaccionar como si tuvieras un pasado herido. Tu momento presente puede estar superbién, pero tus reacciones pueden venir de un pasado herido.
¿Por qué? Porque las heridas olvidadas funcionan como sensores internos, son automáticas, están programadas, son veloces, trabajan demasiado rápido sin que ni siquiera podamos darnos cuenta y se activan cuando alguien te levanta la voz, cuando sientes que no te están escuchando, cuando tienes que confrontar una persona o una situación, cuando recibes una crítica, cuando ves señales de rechazo, cuando alguien te recuerda inconscientemente a esa persona que te marcó.
Por eso, ante esas reacciones, te dice: “No sé por qué reaccioné de esta manera” o “Ay, Dios mío, qué vergüenza, no era para tanto, pero no sé por qué reaccioné así”, o “Es que me puse a la defensiva sin querer”. Escúchame bien: no reaccionaste al presente, reaccionaste a los patrones del pasado. La Biblia lo describe en Proverbios 4:23: “De toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Las heridas activadas son eso, son aguas subterráneas que salen a la superficie y lo hacen sin tu permiso.
Tus emociones no están exagerando; las personas a tu alrededor te dirán: “Tú has reaccionado de una manera explosiva” y dicen que ay”, no seas tan exagerada, no es para tanto”. Mujeres, nuestras emociones no están exagerando; nuestras emociones nos están avisando que hay algo con lo que nosotros tenemos que trabajar. Tú te estás preguntando cómo yo hago para romper las heridas de mi vida, cómo yo puedo romper la influencia de estas heridas de mi carácter, de mi fe, en mis relaciones; aquí llegamos al punto crucial de este episodio.
Las heridas olvidadas son poderosas y tienes que entender que no son indestructibles; nosotros necesitamos entender que podemos romper con las afluencias de esas emociones en nuestras vidas y el primer paso no es simplemente sanar, el primer paso es entender qué es exactamente lo que está pasando.
Cuando tú reconoces que algunas de tus reacciones vienen de historias más antiguas que las situaciones que estás viviendo en este preciso momento, entonces puede quitarse esa culpa y puedes recuperar el control de tus acciones, porque una herida pierde poder cuando tú la puedes ver; cuando la puedes ver, puedes cambiarla, porque lo que tú ignoras siempre te va a gobernar. La conciencia es como encender la luz en un cuarto que está oscuro; encender la luz no resuelve todo, pero te permite dejar de tropezar y te permite identificar aquellas cosas que te pueden causar un problema más adelante.
¿Cómo rompemos la influencia de estas heridas en nuestro carácter? Las heridas crean defensas, formas de ser que no necesariamente nacen de nuestra esencia y de cómo nosotros somos, sino que nacen de una necesidad de protegernos ante estas situaciones. Quizás te volviste una persona dura, rígida el día que te lastimaron, o quizás te volviste una persona callada y tímida porque algún día no te creyeron, o te volviste una persona perfeccionista porque te hicieron sentir que no eras suficiente.
Cuando identificas de dónde salió esa defensa, puedes reemplazarla por una convicción que sea sana y ahí no reaccionas desde el dolor, empiezas a responder desde tu identidad en Cristo Jesús y en ese proceso sucede algo hermoso: tu verdadera personalidad vuelve a respirar. Sé que muchas de ustedes en muchos momentos se han encontrado y dicen: “Dios mío, yo no soy así, yo no siento que soy de esta manera”, y es porque tus reacciones están dominadas por esas heridas del pasado, pero el día que puedes verlas e identificarlas, entonces tu verdadera personalidad vuelve a resurgir y eres con otras personas y otras personas pueden ver lo que tú sabes que tú eres por dentro.
Una de las áreas en las que también debemos romper con la influencia de nuestras heridas es sobre nuestra fe, porque las heridas emocionales se convierten en filtros espirituales sin que tú lo puedas diferenciar o entender. Yo sé que te cuesta entender que Dios te ama, no porque él no te ame, sino porque alguien te enseñó a dudar en esos momentos difíciles donde se marcaron esas heridas. Te cuesta confiar en que Dios te cuida, no porque él no te cuide, sino porque un día aprendiste a sobrevivir por ti sola, pero cuando traes esa herida a la luz, tu fe se alinea nuevamente con la verdad de Dios.
En todos los episodios de Mujer Podcasts yo les hablo de Biblia, Biblia, Biblia a todas y cada una de ustedes. Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad te hará libre”. Sanar no te hace más espiritual; sanar te permite creerle a Dios sin esos obstáculos internos; por supuesto, tienes que aprender a romper la influencia de tus heridas sobre tus relaciones.
Las heridas no resueltas sabotean relaciones sin que tú lo sepas, te hacen desconfiar cuando deberías abrirte con esa persona, te hacen callar cuando deberías hablar o te hacen complacer en exceso porque temes perder el amor de esa persona.
Cuando identificas la herida que provoca cada una de estas reacciones, recuperas tu libertad emocional, puedes amar sin miedo, puedes amar sin límites y sin culpa y puedes tener conexión con esas personas que tú amas sin autosabotaje.
La verdad que Dios ilumina en ti no te destruye; lo que puedes ver, lo que sucedió en tu pasado, cuando puedes identificar esas heridas, no te destruye; en realidad te pone en orden. Yo sé en palabras simples: 1. Entiende que la herida te da claridad, 2. Identifica la defensa que te devuelve tu esencia, 3. Sana el filtro que sana tu fe, 4. Nombra el patrón que te libera de tus emociones.
Quiero decirte que, si este episodio ha sido de bendición para ti, ha tocado la fibra de tu ser, te has identificado con él, quizás porque hay situaciones que nunca has podido nombrar, quiero que escuches esto y que lo escuches con esperanza: mi nuevo libro Sana, que fue escrito para esta dimensión de tu alma y de tu corazón, fue escrito para las mujeres que algo les está bloqueando y no saben qué es, para las que constantemente repiten patrones en su vida que tú no entiendes, para las que tienen reacciones que no pueden explicar, para las que cargan heridas que no se acuerdan, pero que igual las gobiernan.
Sana es tu mapa para entrar en ese territorio sin miedo, es tu guía para abrir puertas internas que quizás tu mente cerró, es tu proceso seguro para sanar sin desmoronarte, es tu encuentro con Dios, quizás donde estás más herida y no lo sabías. Si algo en tu corazón se movió en el día de hoy, quiero que te lo lleves claro: no estás reaccionando porque tú estás mal, estás reaccionando porque estás cargando más de lo que tu alma fue diseñada para llevar sola.
Dios te está diciendo: “En el día de hoy yo no quiero que tú sigas viviendo desde la herida, quiero que vivas desde la libertad que tengo para ti”. Por eso quiero invitarte en el día de hoy a preordenar mi nuevo libro, Sana, que está disponible en Amazon y que a partir del trece de enero va a estar disponible en todas las librerías cristianas y muchas librerías seculares en el mundo entero.
Quiero que órdenes y tengas este libro en tus manos antes que la rutina apague lo que el Espíritu Santo ha encendido dentro de ti en este episodio. Tu sanidad comienza con un acto de valentía y tener este libro en tus manos es uno de estos actos. Si este episodio te trajo claridad, bendición, te trajo paz, ayúdame a llevarlo a otras mujeres, dale like, compártelo y comenta; siempre saco un día a la semana para leerle y respóndele ahí en los comentarios. Recuerda que todos los lunes tenemos un nuevo episodio de Mujer Podcast y todos los episodios son frescos y están hechos con el deseo de ver tu alma fortalecida y tu propósito ahí de pie y trabajando.
Cuando Dios sana lo oculto, te libera para vivir lo que nunca te atreviste a soñar.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.
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