29 Dec 292: Cuando Dios quiere sanarte… pero tú sigues escondida
Quiero empezar con una imagen; que nadie se sienta mal, pero creo que todas hemos estado en algún lugar ahí. Quiero saber si alguna vez te llega visita a la casa y has tenido que salir corriendo a esconder algún desorden en alguna habitación, en un closet o en alguna gaveta. Buscaste ese pedacito de casa que nadie se iba a meter ahí y escondiste ese reguero a puerta cerrada, te sonríes, respiras y dices: “Aquí no ha pasado nada”, pero tú sabes lo que hay detrás de esa cortina, o de esa puerta, dentro de esa gaveta.
Déjame decirte que muchas mujeres hacen exactamente lo mismo con esto, pero con su alma; guardan lo que les duele, acomodan esas cosas a las que les teme y, cuando Dios quiere entrar, cuando Dios toca esa área, ¿sabes lo que hacen? Se esconden de nuestro Señor, se esconden de sí mismas.
Hoy quiero mostrarte por qué nos escondemos cuando Dios lo que quiere es sanarnos; también te voy a enseñar cómo identificar esas máscaras que usamos para no enfrentar las cosas que nos duelen y te voy a enseñar cómo abrir la puerta correcta para que la sanidad realmente comience en tu interior. Hoy vamos a hablar de cómo terminar todos los ciclos que por años te han detenido y que han causado mucho daño a tu vida; hoy quiero hablar de cuando Dios quiere sanarte, pero tú sigues escondida.
Como este es nuestro último episodio de este año 2025, quiero regalarte un pensamiento: no entres a este próximo año cargando lo que Dios nunca te pidió que sostuvieras. Este es el momento ideal para que tú puedas soltar tus culpas, que fueron demasiado pesadas durante este año, despedirte de esas batallas que no son tuyas y recibir la gracia fresca que Dios ha preparado para ti en este año 2026.
A veces la mejor manera de ahorrar un año no es repasando lo que pasó, y muchas personas van a ser tentadas en este fin de año a pensar todas las cosas que pasaron, sino que este cierre de año puede ser diferente, puede convertirse en un suspiro profundo, en un simple gracias, Señor, y una declaración valiente: lo que viene este año 2026 será mejor porque tú estás siendo transformada, y ese es el pensamiento con el que quiero terminar este año 2025.
¿Te has preguntado alguna vez que te llega visita a la casa y has tenido que salir corriendo a esconder algún desorden en alguna habitación? ¿Te has sentido alguna vez que te colocas una máscara de la eficiencia? ¿Sabías tú que cuando Dios te muestra algo que te duele, también te está diciendo: “Quiero sanarlo”? ¿Me creerías si te dijera que cuando Dios toca un área que quizás tú has evitado por años; no es para herirte, es que ya es tiempo de respirar? ¿Te has preguntado por qué escondemos cosas que Dios quiere sanar?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas preguntas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentario.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
CUANDO DIOS QUIERE SANARTE, PERO TÚ SIGUES ESCONDIDA.
Quiero comenzar con una verdad espiritual que, si tú la internalizas en el día de hoy, yo te garantizo que traerá esa transformación que tú tanto anhelas. Dios no sana lo que tú te niegas a mirar; no es que Dios no pueda sanar esas cosas, sino que él te ama demasiado como para imponerse, como para que aquellas cosas que tú quieres esconder, Dios se meta ahí y te las revele. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo que Dios hizo con Adán y con Eva, recuerda que Adán estaba escondido y que Dios le preguntó: “¿Dónde estás?”. Génesis 3:9: Dios no le hizo esta pregunta a Adán porque no supiera dónde él estaba; Dios le hizo esta pregunta porque Adán no sabía dónde estaba él mismo, y lo mismo puede suceder muchas veces con nosotras; muchas veces nosotros nos escondemos o escondemos ciertas áreas de nuestro corazón que Dios quiere sanar.
¿Por qué nos escondemos, por qué escondemos cosas que Dios quiere sanar?
1. Lo esconde porque funciona, porque produces, porque ayudas a todo el mundo, y piensas que, si sigues ocupada, nadie se va a dar cuenta de que esto me duele, que esto me molesta, pero la ocupación no es evidencia de fortaleza; la ocupación es muchas veces el disfraz preferido para una persona que está herida y no ha procesado una herida, una persona que se esconde detrás de un carácter fuerte.
Pastora, ¿un carácter fuerte como qué? Un carácter fuerte de que yo puedo sola, a mí nada me afecta, pero sabes que Dios no se impresiona con esas máscaras; Dios siempre busca el corazón de esas frases empoderadas.
2. Las máscaras emocionales: esas frases yo puedo sola, nadie se tiene que meter con mis cosas, a mí nada me afecta; esas máscaras emocionales son las que te impiden sanar; de hecho.
HAY TRES MÁSCARAS MUY COMUNES QUE IMPIDEN QUE LAS MUJERES PUEDAN SANAR.
1. La máscara de la eficiencia; cuando resuelven todo, pero no se resuelven a sí mismas.
2. La máscara espiritualizada; “Estoy bien, Dios tiene el control”, pero no permites que Dios toque esa herida.
3. La máscara del carácter fuerte; hay quienes dicen si esto es resiliencia, pero también se siente como una armadura.
Ninguna de estas máscaras es maldad; nadie hace estas cosas por maldad; en realidad son mecanismos de defensa o mecanismos de supervivencia. Escúchame bien, mujer; ¿por qué traigo este tema? Y dirás: “Pastora, me estás tratando de abrir heridas que yo tengo resueltas”. Lo que te protegió en una temporada te puede limitar en la próxima temporada; tienes que conocer como Dios revela lo que tú estás escondiendo. Quiero hacer una aclaración, pero es que mi audiencia es demasiado amplia; el contexto de todos ustedes no es el mismo y jamás de los jamases herir a alguna mujer y que ninguna mujer se sienta identificada incorrectamente y por eso tengo que aclarar que Dios no expone tus heridas para avergonzarte, Dios te permite ver tus heridas en realidad para liberarte.
Por eso Jesús dijo en Juan 8:32 “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. A veces Dios permite que tú conozcas ciertas verdades en un podcast como este, en una conversación inesperada, en una emoción exagerada, en un conflicto que dirás que a lo mejor no debiste tener conflicto con esta persona o en una pausa forzada, y todas estas cosas suceden para mostrarte algo. Dios te dice a través de esta experiencia: “Esto todavía te duele”, pero cuando Dios te muestra algo que te duele, también te está diciendo: “Quiero sanarlo”. El que tú recibas esa revelación, el que conozcas esa herida que está abierta o eso que todavía no ha sanado en tu corazón, no es juicio, es un diagnóstico, es revelación que Dios te está dando para mostrarte algo que de otra manera no ibas a poder ver.
El esconderlo te liberó por un tiempo, pero siempre te va a limitar en tu próxima temporada. Lo próximo que debes preguntarte es cómo puedes dejar de esconderte, cómo puedes permitir que Dios sane esas áreas de tu corazón; la sanidad comienza cuando haces lo opuesto a lo que has aprendido. ¿A qué me refiero?
1. En vez de evitarlo, esconderlo, no puedo ver a esta persona, no puedo ir a tal lugar, no puedo participar de esta actividad; en lugar de evitarlo, míralo. Aquellas cosas que tú ves, aquellas que enfrentas, que puedes sanar, las que tú evitas, esas cosas crecen dentro de ti, pero la que tú ves, la que tú enfrentas, sanan. En vez de endurecerte, yo voy a estar ahí, yo no voy a llorar, no me voy a mover, nadie me va a escuchar decir nada; en vez de endurecerte, abre un espacio y en ese espacio que abras, habla con Dios, habla con Dios como cuando estás cansada de verdad, como hablas sin adornos, sin versículos, como hablas como eres tú, cuando eres tú a solas con Dios.
Yo he estado muchas veces en ese lugar; recientemente perdimos una persona de la que pensé que recibiríamos un milagro de sanidad y, cuando recibí la noticia de que había muerto, de que ya estaba en los brazos del Señor, sentí una profunda herida y sentí probablemente las mismas.
2. Interrogantes que sintieron todos nuestros amigos y tengo que decir que, en ese momento, con toda la Biblia que conozco, y mira que las voy a llevar a leer la Biblia conmigo durante todo el año 2026; me encantaría que estuvieras ahí con todos los libros que he escrito.
Este momento fue muy vulnerable, donde yo me sinceré con el Señor y lloré y dije: “Señor, cuánto anhelaba este milagro, que esta persona se levantara”, y tuve una conversación sincera con el Señor; él y yo, mis palabras, mi honestidad, mi vulnerabilidad, y cuando abrimos esos espacios, entonces esa dureza, esa coraza, esa armadura que sentimos que nos ha estado protegiendo, se rompe y Dios puede entrar para sanar.
3. En vez de disfrazar, nombra; en vez de decir “fue fuertecito”, dilo: “Esto me dolió, esto me marcó, este asunto todavía me afecta”. La honestidad no te debilita, la honestidad te posiciona. Hace un tiempo atrás tuve que romper una relación de negocio con unas personas a las que les tenía mucho, mucho aprecio, pero lamentablemente la relación no prosperó, hubo ofensas de por medio y, hablando con mi esposo para tomar una decisión administrativa, para tomar una decisión sobre ese negocio, le fui sincera a mi esposo.
Lamentablemente, para mí han sido muy fuertes las ofensas y no quisiera trabajar con eso; me duele, honestamente, no quiero tener que pasar por una situación como está en el futuro porque no creo que estas personas hayan entendido verdaderamente su manera de comportarse o la falta de ética profesional que han tenido durante este tiempo.
Al fin y al cabo, el ser honesta, el hablar con transparencia, esa honestidad que no te debilita, esa honestidad que de verdad te posiciona, y es ahí donde entra el milagro de parte de Dios, porque lo que tú confiesas con verdad, Dios lo transforma con gracia. Hay señales bien claras que Dios nos da, que nos dejan saber que él nos quiere sanar.
Cuando Dios toca un área que quizás tú has evitado por años, no es para herirte, es que ya es tiempo de respirar, tiempo de soltar, tiempo de dejar de vivir en modo supervivencia, y todas hemos estado ahí por alguna situación. También es tiempo de permitir que tu alma descanse; Dios no quiere que tu productividad emocional te controle, Dios quiere más que nada tu libertad espiritual.
Si hay algo en este episodio que te dice “esa soy yo”, si sabes que te escondes detrás de la puerta o te escondes detrás de la productividad, o te escondes detrás de una agenda cargada, te escondes detrás de una fe que puede ser superficial, creo que no es casualidad que hayas escuchado este episodio. Quiero hablarte una vez de mi nuevo libro que se titula Sana, lo que no sana repite y enfrenta tu dolor con fe y con claridad, y en el día de hoy sé que este libro te va a ayudar a entrar sin miedo al futuro que Dios tiene para ti, sobre todo en este momento que estamos a punto de entrar a un nuevo año. Este libro fue escrito para acompañarte sin colapsarte, para enseñarte a exponerte delante de Dios con seguridad, pero también con estructura.
Ya Dios decidió que quiere sanarte; ahora te toca a ti el dejar de esconderte. Por eso quiero invitarte a que obtengas mi nuevo libro; quiero que te lleves una verdad final: lo que tú escondes, te consume, lo que le entregas a Dios te libera, y si este episodio removió algo profundo de ti, no lo ignores; es tu alma que te está diciendo: “Ya no quiero esconderme más”. Por eso quiero invitarte a dar un paso valiente. Quiero que me escribas aquí en los comentarios, pastora, he estado escondiendo algo, o si me quieres contar qué es lo que has estado escondiendo, yo te voy a leer y te voy a responder aquí en los comentarios. Este es un espacio seguro donde puedes comentar hacia adentro, donde puedes mirar sin miedo y donde, créeme, que Dios va a derrumbar todo aquello que te ha estado limitando.
Quiero invitarte a que me ayudes a llegar a una mayor cantidad de mujeres dándole like a este episodio, compartiéndolo y, si comentando aquí, todos los lunes tenemos un episodio de Mujer Podcasts nuevo, lleno de vida, de revelación, de propósito. Dios hoy ya abrió una puerta; te toca a ti salir de ese escondite. Yo las veo el próximo lunes en Mujer Podcasts.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.
Ana Maria Jimenez
Posted at 09:55h, 04 JanuaryNo creo que ha sido casualidad que me anotara a leer la biblia este año con usted u encontrará este mensaje.
Usualmente escucho su podcast los lunes de camino al trabajo pero como estaba de vacaciones me desconecte de todo.
Actualmente estoy cuidando a mi mamá mientras trabajo full time aun y es muy estresico.
Tengo mucho dolor por mis hermanos que no me ayudan pero cuando llaman a mi mamá en estos días festivos, ella es tan feliz que me trago todo lo que quisiera decirles.
Maria Esperanza Gonzales
Posted at 14:05h, 06 JanuaryMuchas gracias por todo lo que comparte pastora Omayra, a raíz de tus últimos podcast decidí hacerme cargo de aquello que, aún estando escondido, duele. Sé que Dios permite que tomemos conciencia de nuestra vulnerabilidad cuando estamos listas para dar el siguiente paso. Por ello, decidí “abrir la caja de pandora” con Él de la mano, no es cómodo pero estoy segura de que Dios me sostendrá.